En muchos sentidos podemos decir que la época actual es más sencilla.

Pensamos en lavavajillas, en lavadoras que prácticamente hacen todo, en internet…y nos brillan los ojos pensando en las horas que nos hemos ahorrado de trabajo y cosas por hacer. Pero si pensamos en trámites burocráticos y en cuestiones que debemos saldar antes de emprender cualquier proyecto, podemos ver cómo en la época actual todo se complica.

Por ejemplo, si queremos comprar un televisor, tenemos que fijarnos en su calificación energética. Comprar un televisor de uso, económico,ya no es una opción, porque contamos con más información que hace que ésta sea una idea descartable. Hay que comprar un televisor que sea eficiente energéticamente, que sea de punta, que te permita ahorrar. Antes, seguramente comprar un televisor era más cuestión de gusto que de cumplir requisitos.

Lo mismo sucede con trámites burocráticos. Ahora hay más aspectos que cumplir, más elementos que atacar, más filas “virtuales” que hacer. Conseguir un préstamo hipotecario, registrar a un hijo al momento en el que nace…los ejemplos pueden ser muchos.

El asunto es que podemos darnos cuenta de que la época moderna nos cobra con pasos adicionales y con reglas cada vez más complejas las facilidades que nos da por otro lado con la virtualización de espacios, oficinas y fuentes de información.

Pero lo que debemos de hacer es priorizar y valorar. La verdad es que tenemos cosas mucho más valiosas que facilitan nuestra vida, así que bien podemos pagar el precio de estos trámites adicionales.