¿A qué nos referimos cuando hablamos de algo “virtual”?

Quizá lo primero que viene a nuestra mente es un ultra-futurista juego de vídeo en el que nos ponemos una especie de “casco” en la cabeza gracias al cual podemos experimentar sensaciones o experiencias sensoriales que no están sucediendo en la vida real.

Tal vez la tecnología aún no llega a ese grado de virtualización, pero si hay formas de acceder a archivos y todo tipo de información que no poseemos físicamente. De hecho, internet mismo es un tipo de tecnología que descansa sobre la noción de lo virtual: es una manera de alcanzar objetos y elementos con los cuales no contamos en la realidad. Es gracias a esta forma de entender la tecnología que la informática ha avanzado al punto en que la portamos en la palma de nuestra mano y es el recurso que nos permite obtener información, ayuda y comunicación de forma absolutamente instantánea.

Esta revolución de lo virtual también ha alcanzado a la forma en que almacenamos la información. Anteriormente, cualquier oficina tenía una enorme cantidad de documentos impresos y firmados, archivados por años. En la actualidad, la mayoría de los documentos más sensibles no se guardan de forma impresa y física, sino que se mantienen a resguardo en forma de archivos informáticos. Desde contratos con proveedores, clientes y empleados, hasta planos, fórmulas e inventarios, la facilidad que implica guardar una copia digitalizada de cada documento importante para una empresa no sólo radica en cuestiones de espacio, sino también de seguridad.

Una empresa grande que no sólo cuenta con ordenadores comunes, sino que tiene acceso a un servidor dedicado o a un gran servidor, puede programar de forma automática los respaldos o back ups de su información, confiarlos a un tercero o elegir alguna de las muchas opciones para albergarlos en la “nube” informática al tiempo que en un disco duro físico. Es una forma de garantizar la seguridad y la continua accesibilidad de la información más sensible e importante dentro de una empresa.